A ver si logras leer completo este post 😉

Ya se que al igual que yo estarás cansado de tanto virus con corona en estos días…

Sin embargo te comparto mi humilde opinión de todo lo que está pasando y a la vez algunos consejos que como talleristas podemos hacer en estos momentos.

Un poco de contexto.
Hemos construido un mundo maravilloso en cuanto a tecnología, inteligencia artificial y avances de la ciencia entre otros, estamos viviendo una de las mejores etapas de la humanidad en cuanto a desarrollo. Sin embargo, todo esto hace crecer nuestro ego a un nivel en que nos creemos todopoderosos…pero!!! Creo que toda nuestra soberbia, prepotencia y orgullo humanos han quedado postrados e impotentes ante un organismo microscópico que nos mostró cuán vulnerables podemos ser, cuán débiles e indefensos estamos ante muchas situaciones que todavía se salen de nuestro control pese a los múltiples adelantos de la ciencia.

Según mis creencias.
Y es que, el Creador tiene su humor… Él nos sigue mostrando que NO somos los amos de la creación, que NO tenemos el control y que como decía Él mismo en el evangelio «separados de mí, nada podéis hacer» Claro! Él sabía que, como decimos en Costa Rica «estamos feos» (perdidos). Si, precisamente por eso envió a un Salvador para que todos los que reconocemos nuestra condición de pecadores, podamos caer de rodillas y clamar por perdón y reconciliación. Yo lo hice a mis 22 años cuando estaba dominado por esa fuerza macabra que brota de todos nosotros que nos inclina naturalmente al mal.

Cómo empezó mi relación con Él.
Solo recuerdo estar en un potrero del proyecto de investigación en pastos que tenía a mi cargo cuando de repente me es revelado el gran amor con que me ama a pesar de mi condición, lo mucho que deseaba relacionarse conmigo, a pesar de que estaba alejado de Él, lo mucho que me perdonaba a pesar de caminar alejado de Él. Caí de rodillas en la soledad del pastizal y lloré como un niño, pidiéndole que me perdonara y que entrara en mi vida. A partir de allí, todo cambió, ¿crees que ahora soy un santo que es incapaz de matar una mosca? No para nada, sigo siendo un ser humano imperfecto, con luchas, temores y retos por mejorar, pero hay una gran diferencia, ahora sé que Él me ha perdonado, que me ama y que mi vida está rendida para obedecerle y no para hacer lo que yo quiero, sino lo que Él quiera hacer en mi.

3 Clases de personas.
Había 3 clase de personas con Jesús, primero los que conocían algo de Él ya sea porque habían oído hablar de él o porque tenían alguna información a partir de un tercero. Segundo, los que le seguían, probablemente porque necesitaban una sanidad, porque les daba pan o porque les gustaba su predicación. Y tercero los que eran discípulos. Aquellos que estaban en sus quehaceres pero cuando Jesús los llamó a ser discípulos dice que, «y dejándolo todo, le siguieron». Quizá la pregunta pertinente es ¿qué nos está pidiendo Él dejar que nos impide seguirlo? ¿A qué tenemos que renunciar para poder ser dignos de su llamado? Creo que es una pregunta muy personal que cada uno de nosotros tendrá que interiorizar y resolver.

Lectura y decisión.
Quizá una lectura muy provechosa sería el evangelio de San Juan, puede ser bastante revelador si se lee con la mente aguda y el corazón abierto. Quizá como dice el mismo texto en el capítulo 5:39 «Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí» Creo que yo, al igual que tú y al igual que millones, hemos sido confrontados con la frase del maestro: «Tú, ven y sígueme». La decisión nadie la puede tomar por nosotros…

Ahora al toro por los cuernos (vamos a la acción).
Muy bien